martes, 3 de mayo de 2016

Leicester City, la última gran historia del fútbol moderno

Un viernes de agosto arrancaba la Premier League 2015-16. Ni más ni menos que con un Manchester United-Tottenham Hotspur en Old Trafford. Unas horas antes del inicio del encuentro, publiqué en Twitter mi pronóstico sobre cómo iba a terminar la competición ese año:

Nueve meses después, lo más cerca que estoy de acertar es el descenso del Sunderland, y con un poco de suerte, la tercera plaza del Manchester City si es que logra desempatar con el Arsenal (y acertaría de paso la posición de los gunners). Menos mal que no me van las apuestas.

Había un equipo con el que yo no contaba para nada más allá de quedar 16º o 17º: el Leicester City. Ni yo, ni nadie, a excepción de los que apostaron por ellos 20€ a principio de temporada cuando las cuotas estaban 5000 a 1. Hoy, este club del centro de Inglaterra es el flamante campeón de la que es para muchos la mejor liga del mundo, ante el aplauso de todo el planeta.

Un equipo en el que desde que tengo memoria futbolística sitúo a la altura de los Blackburn RoversMiddlesbrough o Birmingham. Es decir, típicos clubes ingleses con historia centenaria pero que en la era moderna han alternado la Premier con las categorías inferiores. Una historia típica que hace unos años acabó como otras tantas: en manos de fortunas extranjeras de segundo nivel, es decir, nada de magnates rusos (Chelsea), petrodólares de familias reales árabes (City) o fortunas estadounidenses (United, Liverpool, Arsenal). En 2011, el Leicester City cayó en manos tailandesas. Por lo tanto es un club moderno más. El romanticismo en el deporte hace años que murió.

Eso sí, esto tampoco sirve para desmerecer (que los ha habido que no han intentado) lo que ha conseguido el equipo. Los foxes con un yate han vencido a auténticos transatlánticos. Muchos afirman que lo del Atleti en 2014 tiene más mérito porque el Leicester tiene mayor presupuesto. Pero en realidad sólo por los ingresos televisivos hasta el último de la Premier tiene más dinero que cualquiera de España (en pocos años hasta más que Madrid y Barça). Además, el Atlético siempre ha contado con internacionales de primer orden (España, Argentina, Uruguay...), mientras que hasta este año, los internacionales del Leicester eran de Jamaica y Argelia.

Realmente, es muy difícil establecer comparaciones con equipos de otras ligas. Porque siendo un modesto de Inglaterra, su capacidad económica es superior a los equipos top de otras ligas. Pero no todo es dinero. O pones mucho, muchísimo dinero encima de la mesa, o nunca serás capaz de competir con los históricos de Europa. Y en Inglaterra, menos todavía.

En resumen, el título del Leicester City no es el triunfo del fútbol romántico sobre el fútbol moderno, pero sí que es una de las grandes hazañas de la historia del fútbol. Posiblemente un peldaño por debajo del doblete europeo del recién ascendido Nottingham Forest a finales de los 70 (a saber cómo de sorprendente debió ser en su momento el Maracanazo viendo la dimensión que todavía tiene hoy en día) y a la par que la Eurocopa ganada en 2004 por Grecia.

Una selección que hace diez meses era entrenada por Claudio Ranieri, hoy héroe en la ciudad de Leicester, pero que venía de fracasar con estrépito perdiendo dos veces con los helenos contra las Islas Feroe, y que sus últimas aventuras con clubes top tampoco habían sido esperanzadoras para nadie.

De decepcionar con equipos de la talla de Chelsea, Valencia, Juventus e Inter, a ganar a Premier con un club que aspiraba a no descender. A veces el fútbol regala historias así. A saber cuándo volveremos a presenciar la siguiente. 

lunes, 15 de febrero de 2016

Diez años de Estrellas: Houston 2006

Tercera entrega del especial 'Diez años de Estrellas'. Esta entrada llevaba dos años en el borrador, así que decidí rescatarla coincidiendo justo con el décimo aniversario del fin de semana que nos ocupa: el All-Star de 2006 celebrado en Houston. Dos cosas destacaron del evento: la primera, el debut de Pau Gasol en el Partido de las Estrellas, convirtiéndose en el primer español en disputar el gran encuentro del domingo. Lo segundo fue todo lo contrario: Houston 2006 fue el último All-Star Weekend retransmitido por el gran Andrés Montes, quien meses más tarde anunció su fichaje por la recién creada La Sexta. Su último fin de semana de las estrellas estuvo a la altura.

Si hubo un jugador protagonista aquel fin de semana, ese fue Andre Iguodala, ya que iba a participar en el Rookie Challenge y en el Concurso de Mates. De hecho, AI9 utilizó la noche del viernes como un calentamiento previo al día siguiente. El alero sophomore de los Sixers se erigió como mejor jugador del partido de novatos con 30 puntos (24 de ellos en la segunda parte) y 6 rebotes. Pero sobre todo destacó el show de mates que hizo en pleno partido, destacando uno pasándose el balón entre las piernas. En los novatos brillaron el local Luther Head y Charlie Villanueva, ambos con 18 puntos.



Día grande: el sábado (al menos hasta que pueda ver el partido del domingo en directo siempre). Como siempre, abrió el Shooting Stars Challenge. San Antonio, con Tony Parker, Kendra Wecker y Steve Kerr, se impuso a Lakers (Kobe, Lisa Leslie y Magic), Phoenix (Shawn Marion) y Houston (T-Mac, Drexler). El Skills Challenge, como siempre llevando a las estrellas, contó con Dwyane Wade, LeBron James, Chris Paul y Steve Nash. Venció el #3 de los Heat.

Los participantes del Concurso de Triples no se quedó corto de nombres: Chauncey BillupsJason Terry, Ray Allen, Quentin RichardsonGilbert Arenas y Dirk Nowitzki, entre otros, le dieron lustre a un concurso ganado por el alemán.

viernes, 22 de enero de 2016

Memorias de 81 puntos

22 de enero de 2006. Kobe Bryant era la estrella de unos Lakers formados por Smush Parker, Chris Mihm y Kwame Brown, entre otros. Sólo se salvaban (además de Kobe) Lamar Odom y un chaval de 17 años llamado Andrew Bynum que prometía mucho y acabó siendo clave en los anillos de 2009 y 2010.

El mes anterior, yo acababa de comprarme la camiseta del escolta de los Lakers, todavía con el 8 a la espalda. Y poco tiempo después, le metió 62 puntos a los Dallas Mavericks en apenas tres cuartos. Una auténtica barbaridad. Pero esa barbaridad se iba a quedar en nada aquel domingo de hace ya diez años.

martes, 15 de diciembre de 2015

La retirada de la Mamba Negra

"La retirada la dicta mi cuerpo, poco a poco. Es un proceso como de aprendizaje, una nueva experiencia. Te lo dicen tus piernas y un puñado de situaciones"

lunes, 27 de julio de 2015

Ciao, Jules

Gran Premio de Japón de 2014. Tocaba madrugar, y aunque cuesta con el sopor que es la actual F1, lo hice. Justo cinco minutos antes de que el semáforo se pusiera en verde. Lluvia intensa. Pensé: "Salida tras el SC, me duermo". Al poco, bandera roja. Sorprendentemente, sólo Fernando Alonso había abandonado, y por un fallo eléctrico.

La carrera transcurrió con la actual aburrida normalidad, hasta que en la vuelta 40, Adrian Sutil se estrelló contra las protecciones tras hacer aquaplaning con su Sauber. Bandera amarilla. De repente, vuelven a enforcar la zona donde el piloto alemán sufrió el accidente. En televisión sólo se aprecia el monoplaza suizo siendo retirado por una grúa. Y vuelve a salir el coche de seguridad. Me fijé en los rótulos, y aprecié que Jules Bianchi estaba perdiendo posiciones, hasta aparecer BIA OUT. El jóven piloto francés había causado el SC, pero no mostraban nada más. ¿Qué le había pasado?

Pasaron unas cuantas vueltas, hasta que un nuevo plano de la zona del accidente de Sutil volvía mostrarse en televisión. La grúa seguía allí, junto con un coche médico. El Sauber de Sutil también seguía allí. Sale un rótulo: Bianchi, Marussia-Ferrari. Seguía estando confuso, porque no se veía ni el coche ni el piloto. Mirando Twitter, poco a poco se iba sabiendo lo que pasaba: Bianchi se había salido en la misma curva que Sutil, pero el equipo no podía comunicarse con él. Jules no respondía. Jules Bianchi se había estrellado contra la grúa que retiraba el coche de Adrian Sutil.

Sabía que la realización no iba a mostrar cómo había sido, pero también sabía que estaría el típico espectador grabando con su móvil. Sabía que alguien tenía que haber grabado de casualidad lo que había pasado. Y así fue. Horas después de la carrera, el vídeo del accidente de Bianchi corrió como la pólvora por las redes sociales. Mientras un espectador grababa la retirada del Sauber de Sutil, Bianchi pasaba por ahí. En el peor sitio en el peor momento. Una imagen escalofriante. El impacto fue tan brutal que levantó la grúa del suelo. Que saliera vivo era un milagro.

Jules sufría una lesión difusa axonal, en estado muy crítico. Un mes después del accidente, Bianchi fue trasladado a su Niza natal. Tras nueve meses de lucha y mucho sufrimiento familiar (su padre ya había perdido cualquier esperanza), Jules Bianchi fallecía el 17 de julio de 2015. La F1 no sufría un golpe así desde la muerte de Ayrton Senna en 1994.

El pasado Gran Premio de Hungría estuvo cargado de emociones: homenajes, minutos de silencio y dedicatorias. Sebastian Vettel dedicó su victoria a Jules, al igual que hizo Daniil Kvyat con su primer podio en Fórmula 1. Además, la carrera había sido la mejor de la temporada. Mejor tributo, imposible. DEP Jules.

martes, 9 de junio de 2015

El gol de Manolo Preciado obró el milagro

Aunque el Barcelona con su histórico segundo triplete que culminaba la temporada acaparó todos los focos, el 7 de junio de 2015 todavía quedaba fútbol por disputarse. La Segunda División 2014/15 echaba el cierre con cuatro equipos jugándose algo: Girona y Sporting el ascenso directo y Racing y Osasuna el no descenso. Me centraré en los dos primeros.

El conjunto catalán llegaba a la última cita segundo con 81 puntos, dos más que el Sporting, que se plantaba en casa del ya campeón Betis con una mínima posibilidad para subir sin tener que pasar por el Playoff. Los de Abelardo necesitaban ganar por dos o más goles y que el Girona empatara o perdiera en casa ante un Lugo que no se jugaba nada. Poco más que un milagro. Lo previsible, siguiendo la dinámica de los enfrentamientos entre equipos que se jugaban algo contra los que no se jugaban nada, era una victoria tanto de Girona como de Sporting. Por lo tanto, los de Gijón jugarían la promoción.

Y así fue... hasta el minuto 90 del partido en Montilivi. El Girona ganaba por 1-0 gracias a un gol de Fran Sandaza al borde del descanso. Mientras, en el Benito Villamarín los asturianos cumplían con su parte con un contundente 0-3 ante un Betis a medio gas y con unos cuantos suplentes. Con el pitido del árbitro, los jugadores del Sporting se quedaron en el césped a la espera de noticias. En medio de las caras serias, La Mareona comenzó a gritar gol. Sí, el milagro estaba sucediendo. Pablo Caballero se unió a Jairo Alvarez y a Toni Moral (autores de la remontada del Alavés ante la Real Sociedad tras la derrota del Sporting en Castellón) con cabezazo que enmudecía Gerona y colocaba al Sporting en la Liga BBVA.

Sin embargo, el partido no había acabado. En la jugaba siguiente, Florian Lejeune volvía a poner por delante al Girona, desatando la euforia local y despertando del sueño a los sportinguistas de toda España. Pero las tornas cambiaron otra vez. El asistente señalo claro fuera de juego del futbolista francés, aumentando la tensión y provocando un lanzamiento de botella. Los colegiados se retiraron y el partido se dio por concluido a falta de 40 segundos. Radios y tweets lo confirmaban: el Real Sporting de Gijón volvía a la élite tres años después.



Cuando las celebraciones comenzaron, corrió un rumor que después se confirmó: se reanudaba el partido con más de medio estadio vacío y con Quique Setién en plena rueda de prensa. De locos. El Girona no consiguió marcar y empezó la fiesta de las reacciones.

Jugadores, directivos, técnicos y hasta políticos del conjunto catalán descargaron su rabia y frustración en dos direcciones: Betis y Lugo. Unos por poco profesionales y otros por demasiado profesionales. Nunca llueve a gusto de todos. Resumiendo: el Betis se dejó ganar por el Sporting y el Lugo estaba primado. Especialmente rabioso estaba Sandaza, que dedicó en Twitter insultos al técnico lucense y RTs con más de lo mismo.

Sandaza y compañía quizás olvidan que hace un año vivieron una situación similar, pero a la inversa. En la última jornada del curso 2013/14, el Girona ocupaba la última plaza de descenso a 2ªB y recibía a un Depor ya ascendido. Para salvarse necesitaban una serie de resultados, uno de ellos la derrota del Mirandés... en Lugo. Sí, el Girona dependía de una victoria de un equipo que no se jugaba nada para salvarse. ¿Qué pasó? El cuadro catalán venció ante un Deportivo de vacaciones (dicho así por la prensa) y el Mirandés sufría una derrota en el Anxo Carro que les condenó al pozo. Entonces no hubo ni llantos, ni tweets ni nada. Pero eso no interesa ni a jugadores e hinchas del Girona (ni tampoco a sevillistas, pucelanos y oviedistas que ya se veían visitando El Molinón por fin para no jugar con el Sporting B).

Tanto el Girona-Lugo como el Betis-Sporting tuvieron un guión similar: el que necesitaba ganar atacaba. La diferencia fue que unos se conformaron con el 1-0 y los otros seguían intentando hacer su parte para subir. Leyendo los comentarios parece que el Betis estuvo de brazos cruzados, cuando en realidad hicieron lo mismo que el Lugo: atacar en varias ocasiones con un desacierto propio de jugar sin tensión. De hecho, el Betis hizo más tiros ante el Sporting (16) que Girona y Lugo (10 cada uno). No hay que olvidar que el equipo gallego "desaprovechó" dos ocasiones clarísimas: un mano a mano que el Lugo tiró fuera y otra más clara que el delantero solo tenía que empujar debajo de las piernas del portero y que sin embargo envió al limbo.

En definitiva, jugar sin tensión ante alguien que sí se la juega es tan viejo como el propio fútbol, sobre todo por empatía, y más entre equipos pequeños, ya que las tornas pueden cambiar en cualquier momento. En vez de llorar y lanzar botellas, en Gerona deberían preguntarse por qué no golearon ante un equipo a medio gas en lo que debería haber sido su gran fiesta.

martes, 3 de febrero de 2015

Charlotte Hornets, el regreso de un clásico

Este año ha vuelto un nombre clásico de los años 90: Charlotte Hornets. Este nombre despareció en 2002, pero gracias a Michael Jordan, el zumbido de los avispones regresa a su ciudad de origen. Y con aspiraciones muy altas.

A finales de los años 80, con la rivalidad Lakers-Celtics llegando a su fin, y a punto de iniciarse la dinastía de los Bulls de Michael Jordan, la NBA se abrió a nuevos mercados. Nacían así cuatro franquicias: Miami Heat, Orlando Magic, Minnesota Timberwolves y Charlotte Hornets. Gracias a estos equipos hemos visto debutar a leyendas y superestrellas del baloncesto como Shaquille O'Neal, Kevin Garnett, Dwyane Wade y Baron Davis. Sin embargo, sólo las franquicias de Florida han pisado unas Finales y únicamente Miami ha logrado ganar un título.

Los Hornets nacieron en 1988, año en el que entraron en la NBA junto a los Heat. El nombre de la nueva franquicia fue sometido a concurso popular. El término Hornets (avispones) hace referencia a la denominación de la ciudad de Charlotte que hizo el gobernador colonial británico Charles Cornwallis durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. Según Cornwallis, la resistencia de la ciudad a la ocupación de la Corona de Inglaterra fue tal que parecía que era “un nido de avispones”.

El estado de Carolina del Norte es uno de los Estados norteamericanos con más tradición dentro del baloncesto universitario (Wake ForestDuke y North Carolina). Con los Hornets, daba así el salto al baloncesto profesional. Contaban con el pabellón más grande la NBA en ese momento (25.000) y el respaldo de la afición fue espectacular, con llenos absolutos durante más de nueve temporadas. Pero los comienzos no fueron fáciles.

Con nombres conocidos como Kurt Rambis o Muggsy Bogues, los Hornets estuvieron en torno a las 20 victorias en sus tres primeras campañas. El fenómeno teal (verde azulado, color de la camiseta del equipo) logró su impulso con la llegada de dos hombres: Larry Johnson y Alonzo Mourning. Esta pareja interior, junto a Dell Curry (el padre de Stephen Curry), formaron un trío espectacular que llevó a los Hornets a Playoffs por primera vez en el año 1993. Avanzaron hasta segunda ronda, donde los Knicks de Pat Ewing le eliminaron. La era Mourning-Johnson duró hasta 1995, cuando el pívot de Georgetown fue traspasado a Miami. Johnson abandonó el equipo al año siguiente con destino Nueva York.

El vacío dejado por la pareja interior la cubrieron jóvenes con mucha proyección como Baron Davis Jamaal Magloire. Pero muchos se preguntan qué hubiera sido de la franquicia sin los acontecimientos del Draft de 1996. La camada de ese año es considerada como una de las mejores de la historia. Los Hornets tenían el pick 13, y eligieron a un chaval de 17 años recién salido del instituto llamado Kobe Bryant. El escolta, seguido de cerca por Jerry West (GM de los Lakers) en los días previos, pidió no jugar en Charlotte. Los angelinos enviaron a su pívot Vlade Divac a Carolina del Norte a cambio del joven Bryant. La trayectoria y hazañas de Kobe son más que conocidas.

Los Hornets siguieron siendo un equipo frecuente en postemporada, pero la asistencia al Charlotte Coliseum comenzó a bajar. Entonces, el propietario del equipo George Shin amenazó con trasladar el equipo si no se construía un nuevo pabellón. Una historia clásica del deporte norteamericano. Como la nueva cancha iba a tardar, los Hornets se mudaron a Nueva Orleans en el año 2002. Eso sí, Charlotte no se iba a quedar sin baloncesto.

En 2004, un nuevo grupo inversor liderado por Robert Johnson adquirió los derechos de la que iba a ser la trigésima franquicia de la NBA: los Charlotte Bobcats. El nuevo equipo no tuvo el mismo impacto que sus hermanos, ahora en Luisiana, sobre todo en términos de afición. La llegada de los Bobcats provocó una reestructuración en la NBA, con el nacimiento de dos nuevas Divisiones y con el traslado a la Conferencia Oeste de los New Orleans Hornets. Curiosamente, ambos ganaron el mismo número de partidos (18). Los Bobcats llegaron dos veces a Playoffs, 2010 y 2014, sin poder ganar partido alguno. Entre tanto, la peor temporada de la historia de cualquier equipo: 7-59, es decir un 10’6% de victorias. Ese fue el resultado de la gestión de Michael JordanHis Airness parecía más preocupado en recuperar la denominación Hornets que de mejorar sus Bobcats.

A finales de 2012, los New Orleans Hornets anunciaron que se cambiaban de nombre a Pelicans, animal típico de Luisiana. Jordan aprovechó para reclamar el nombre Hornets, y su deseo se cumplió: a partir de 2014, los Charlotte Bobcats pasarían a ser Charlotte Hornets. La pregunta que surgió fue ¿Qué pasa con la historia de ambos equipos: los Pelicans son herederos de los anteriores Hornets, pero los nuevos también lo son? La respuesta es muy sencilla:

  • Los New Orleans Pelicans (2013-presente) heredan la historia de los New Orleans Hornets (2002-2013), incluyendo el refugio en Oklahoma City por el huracán Katrina (2005-2007).
  • Los Charlotte Hornets (2014-presente), heredan la historia de los Charlotte Hornets originales (1988-2002) y de los Charlotte Bobcats (2004-2014).
  • Entre 2002 y 2014, NOLA Hornets/Pelicans tenían dos números retirados, el 7 y el 13, en homenaje a dos jugadores fallecidos: Pete Maravich (mítico jugador de New Orleans Jazz, actuales Utah Jazz) y Bobby Phills (jugador de Charlotte Hornets fallecido en 2000 en un accidente de tráfico). Con la nueva separación Pelicans/Hornets, el 7 queda retirado en New Orleans y el 13 en Charlotte.
El regreso oficial de los Charlotte Hornets se produjo el 29 de octubre de 2014, con una victoria en la prórroga ante Milwaukee Bucks. Un partidazo, especialmente de los titulares, que levantó de su asiento a todo el Time Warner Cable Arena, incluyendo Michael Jordan. Posteriormente, enlazaron tres derrotas consecutivas en partidos muy ajustados. Los dos últimos encuentros se saldaron con sendos triunfos, dejando un balance de 3-3.

Un clásico de los 90 que vuelve por todo lo alto con la intención de consolidarse. Con el Big Three Walker-Stephenson-Jefferson, ganar el primer partido en postemporada, y quizá algo más, es el principal objetivo. Tras un mal inicio, parece que la cosa puede salir bien, pero están al borde del KO. Tienen una afición entregada (quinta en afluencia de toda la liga) y un equipo joven. Si las lesiones y problemas extradeportivos se mantienen al margen, cualquier cosa es posible.