miércoles, 14 de enero de 2015

Bony, Ronaldinho, Witsel, Henry y Hulk

El Manchester City hizo oficial la adquisición del delantero del Swansea Wilfried Bony por 28 millones de libras, es decir, 36 millones de euros. Bony, de 26 años (cumplirá 27 en diciembre), aterriza en Manchester tras ser una de las sensaciones de la primera mitad de Premier con 9 tantos. No es el traspaso más caro del fútbol, ni mucho menos, pero el precio del marfileño me ha hecho recordar un partido de este año.

Ese partido fue el Tottenham-QPR del 24 de agosto de 2014, durante los primeros compases de la liga inglesa. En los visitantes estaba Rio Ferdinand, central clave en los once años que estuvo en los Red Devils. Durante la retransmisión, Sixto Miguel Serrano comentó un tuit del inglés: "Mangala, 30 millones, David Luiz, 50. ¿Cuánto podría costar Varane? ¿60? ¿70?". En El Chiringuito de Jugones, en la sección de rumores de fichajes, cada jugador parecía tener, como bien observó Pedrerol, un precio mínimo de 40 millones de euros.

Mientras hacía el artículo sobre Thierry Henry comprobé que lo máximo que se pagó por él fueron 24 millones de euros, cuando siendo una leyenda con problemas físicos dejó el Arsenal rumbo Barcelona. Antes, los londinenses adquirieron a Tití por 13 millones de euros, lo mismo que pagó la Juventus por él en 1999 al Mónaco, donde demostró que su carrera iba a ser prolífica.

Andriy Shevchenko y David Trezeguet, dos de los mejores goleadores de principios de siglo costaron poco más de 20 kilos cuando eran jóvenes que hacían mucho ruido en Kiev y Mónaco, respectivamente. Ronaldinho (no hace falta decir mucho sobre él), campeón del mundo en 2002, llegó al Barcelona en 2003 por 25 millones. Un millón menos costó Eto'o, que ya era un dolor de muelas para los defensas cuando estaba en Mallorca. Michael Ballack, estandarte del Leverkusen que rozó el triplete en 2002, supuso al Bayern un desembolso de apenas 13 millones. 

Viendo las cifras que se mueven actualmente, todos parecen auténticas gangas. Y más si vemos lo que han llegado a costar Neymar (?), Hulk (50), Di María (75), Witsel (42), Robinho (40), James (80) y demás.

Mi pregunta es: ¿Cuánto costarían hoy en día esos cracks mencionados con estos precios actuales? Y ya no hablo de las leyendas: Ronaldo Nazario, Maradona, Van Basten, Platini, etc. Unos costes disparadísimos a raíz de la fuerte irrupción de los jeques árabes (Man City, PSG), magnates rusos (Chelsea, Zenit, Mónaco) y muchos fichajes megalómanos de Real Madrid, Barcelona y United, sin olvidar la época de derroche del fútbol italiano de principios de siglo (véase los costes de Mendieta, Crespo, Toldo, Thuram, Buffon, etc.). Un tuit que da mucho que pensar, que recordemos procede de alguien que costó 48 millones de euros en su día.

miércoles, 7 de enero de 2015

Requiescat In Pace, Assassin's Creed

Mi primera entrada del 2015 será la primera vez que deje la temática deportiva para hablar de videojuegos, más concretamente de la saga Assassin's Creed. En mi opinión, la mejor franquicia de la séptima generación de consolas.

Como todas las grandes cosas de la vida, llegó de forma accidental. Ya había oído hablar de estos juegos de Ubisoft cuando salieron en 2007, cuando salió su primera entrega. Sin embargo, no me llamó mucho la atención y leer fallos técnicos como lags y tirones no ayudaron mucho a apostar por la aventura de Altair. Finalmente llegamos a las navidades de 2009. Yo tenía decidido comprar el Tekken 6 y otro juego, que aún no tenía decido. Una vez en la tienda, me arriesgué por la secuela de Assassin's Creed tras una review de Playmanía que me convenció bastante. Tras probar el Tekken de forma satisfactoria, el 25 de diciembre estrenar ese desconocido videojuego.

Assassin's Creed II fue, y sigue siendo, una obra maestra. Me enganchó de principio a fin. Por todo: gráficos, ambientación, historia, personajes... Los que han jugado la primera aventura de Ezio saben de lo que hablo. AC II nos llevó al Renacimiento italiano de la mano del protagonista más carismático de la saga: Ezio Auditore de Florencia. Un giro inesperado en los acontecimientos le hizo dejar atrás su plácida vida en la capital de la Toscana para acabar recorriendo Forli, Venecia y brevemente Roma, ayudado por personajes históricos como Lorenzo de Médici o Leonardo Da Vinci, en busca de sus enemigos: los Templarios. Una aventura larga que merece la pena jugar. De hecho, logré el trofeo de platino de PS Network tras muchas horas para ello.

Mientras esperaba la secuela del II, decidí completar la historia con el I. AC estaba en versión Platinum, por lo que valían la pena los 20 euros. El viaje de Altair ayuda a contextualizar toda la historia de la saga, sobre todo el presente protagonizado por Desmond Miles. Pero peca de dos fallos: no tiene trofeos (sí logros en Xbox 360) y su desarrollo es muy repetitivo. De todas formas, explorar Tierra Santa tiene su encanto.

Y llegó el sucesor de Assassin's Creed II: La Hermandad. Nuevamente protagonizado por Ezio, esta vez nos toca viajar y conocer a fondo la Ciudad Eterna, Roma. Los antagonistas, una familia poderosa: los Borgia (César, Lucrecia y Rodrigo). Brotherhood mantuvo una genial historia con unos grandes gráficos y una mejora del sistema de combate, al que se le añadieron rachas de ejecuciones y reclutamiento de Asesinos. Pocos meses después visité Florencia y Roma, un viaje que añadió valor a estos dos juegos. Por todo esto, cuando me preguntan qué Assassin's prefiero, no sé decantarme por ninguno.

Ezio completó su trilogía con AC: Revelations, un juego que si bien mejora los gráficos, añade poder elaborar bombas y mantiene Hermandad y sistema de combate, da la sensación de agotamiento. Además, la historia, más allá de los flashback jugables de Altair, no tiene el mismo 'flow' que las otras entregas: la Constantinopla/Estambul del siglo XVI y sus personajes históricos no atraen tanto en Europa.

Todo hacía indicar que la saga se tomaría un descanso, pero Ubisoft anunció el lanzamiento de Assassin's Creed III. En realidad tenía sentido: la trama principal (la de Desmond) está ambientada, en todos los juegos, en noviembre de 2012. A muy poco para el famoso fin del mundo del 21 de diciembre de aquel año. AC III salió a finales de año, por lo que todo cuadraba. ¿Quieres saber por qué el mundo no se acabó en 2012? En esta entrega tienes la respuesta.

En lo que al juego se refiere, el AC III cambia de ambientación y protagonista. Esta vez, de la mano de Connor Ratonhnhaké:ton (hijo de inglés y nativa americana) vivimos de primera mano la Guerra de Independencia de los Estados Unidos y varios de sus momentos y personajes clave: el Motín del Té, la Batalla de Bunker Hill, Ben Franklin, George Washington, etc. En ese sentido, da rabia no conocer de antemano más sobre historia de USA y saber el nombre varios generales que aparecen en el juego, que los estadounidenses sí saben y por lo tanto disfrutan más del juego. Por lo menos más que la mayoría de los europeos. Los gráficos cambian y logran un gran detalle facial (queda patente en muchas escenas), aunque la jugabilidad en mi opinión da un pasito atrás. Pero la principal novedad es la introducción de las batallas navales. Connor posee su propio barco y participa en momentos decisivos de la guerra con él. Especialmente por su historia, AC III está en el podio de la saga.

Cuando la historia de Desmond llegó a su fin, entonces sí que pensé que Assassin's Creed se iba a tomar un largo descanso. Ni mucho menos. A finales de 2013, Ubisoft sacaba AC IV: Black Flag. Explotando y mejorando el sistema de batallas navales, Black Flag, como su nombre indica, nos lleva a unos cuantos años antes de la Revolución Americana. El Caribe y la Edad de Oro de los piratas, dan lugar a una aventura buena. Sin más. Se resume básicamente en: Edward Kenway (abuelo de Connor) deja Inglaterra en busca de riqueza como pirata. Amigo de piratas legendarios como Barbanegra, intercepta (sin saberlo) a un Asesino, que habla de un lugar misterioso que le pude dar mucho dinero y se lanza a buscarlo con su barco. Los gráficos, una pasada. Sobre todo el agua. Y gracias a este juego descubrir a otros piratas como Calicó Jack o Benjamin Hornigold.

La secuela de Black Flag es a su vez una precuela de AC III. Assassin's Creed: Rogue es muy similar a su hermano mayor. Su ambientación es la Guerra de los Siete Años. Aunque eso es casi secundario. No participamos en el conflicto en sí, pero ayudamos a una facción a consolidarse en Norteamérica. Y no son los Asesinos. En esta ocasión, Shay Cormac deja el credo de "Nada es verdad, todo está permitido" para ser guiado por el Padre del Entendimiento. Gracias a Cormac, los Templarios se asientan con fuerza en las Trece Colonias. Ayuda mucho a entender cosas de AC III. Por ponerle un pero, quizá se pudiera haber profundizado más en quién son realmente los 'malos'.

Respecto al presente, tanto en IV: Black Flag como en Rogue el protagonista eres tú en primera persona como empleado de Abstergo. No aporta mucho, pero infliltrándote en los diversos ordenadores, se conocen muchos datos extra de la saga.

¿Será el Rogue el último Assassin's Creed de la séptima generación? No me atrevo a decir nada, pero tiene pinta que sí. Este repaso a la saga se centra en esta generación, que ya da sus últimos coletazos. AC se convirtió en una cita anual. En 2014 se han visto dos: Rogue para PS3/360 y Unity para PS4/Xbox One. Ese sí que me hubiera gustado jugarlo, porque recupera la esencia de la saga: ciudad histórica con monumentos escalables y un contexto con miga (París-Revolución Francesa). Para 2015 ya se ha filtrado (y confirmado) Assassin's Creed: Victory. 

A ver para qué consolas sale, pero yo todavía no tengo una PS4 y tampoco tengo prisa por ella. Supongo que acabe dando el salto, pero no será en 2015. Aun tengo PS3 para rato. Dedicaré el año a conseguir todos los trofeos que pueda de todos los juegos de una saga en la que entré de rebote pero que acabó por engancharme año a año desde 2009. Aunque se hace pesado un juego a año que no innova demasiado, si hay AC este año, lo compraré. Gracias por tantas horas de diversión, Assassin's Creed.

martes, 16 de diciembre de 2014

Reflexiones de fin de año

Se acerca el fin de año y lo que ello conlleva: reflexiones, nuevos propósitos, etc. Esta entrada va dedicada a lo primero. Sobre lo que ha sido el 2014. No sé hasta qué punto debo contar algunas cosas reflejadas aquí, pero prefiero ser sincero.

Cuando llegué a Madrid para estudiar Periodismo, lo hice como cualquiera que empieza su carrera: con ilusión y muchas ganas. La situación en general, está mal para todas las profesiones, y los periodistas no son una excepción. Si quieres llegar lejos, necesitas una experiencia previa. Siempre me ha llamado la atención las descripciones de otros estudiantes en Twitter: "Colaborador en..." o "Escribo para...". Hay veces que me preguntaba cómo lo hacían para estar en esos medios. Este año, a falta de una, me llegaron dos oportunidades para aprender: Activados y Manda Pelotas. Del primero, el programa de radio, ya hablé en su momento, por lo que me centraré en Manda Pelotas.

Gracias a un compañero del Cisneros entré en esta web en mayo, que estaba de scouting. Lo primero en lo que pensé fue en el tiempo que me ocuparía escribir los artículos. Además, ya estaba involucrado en Activados, que entre desplazamiento y programas ya me abarcaba muchas horas. Sin embargo, decidí aceptar, ya que pensé que era una gran oportunidad para escribir sobre NBA, liga que tiene muchos adeptos (más que la ACB) e interesa en cualquier página de noticias.

En Manda Pelotas aprendí cómo funcionaban estas webs, herramientas de Twitter, cómo redactar, etc. Al principio, como es lógico, tuve mis fallos con el administrador, con las fotos, programar tuits y demás. Alguna que otra vez no cumplía con los plazos, lo que originó el (lógico) enfado de los jefes. Llevaba pocos días y ya estaba fallando, pero conseguí 'recuperarme'.

Las ligas llegaban a su final y lo más próximo era el Mundial de Brasil. Antes del evento del año, tocaban las Finales de la NBA. No pude ver los partidos en directo, pero creo que las cubrí bastante bien. Ahí me dí cuenta que la inmediatez es muy importante en las crónicas, porque pasado un tiempo ya no interesa tanto y las visitas bajan. Ver cómo mis artículos superaban las 100 visitas, cuando las de este blog superaban las 10 con un poco de suerte, animaba a seguir.

A finales de junio, con los exámenes finales ocupando mucho tiempo y el Mundial ya empezado, volví a acumular muchos artículos pendientes. Días antes, se había echo una limpieza en la que más de la mitad de la redacción se quedó fuera del proyecto. Los jefes pedían compromiso y seriedad, ya que el Mundial era la mejor ocasión para crecer. La mayoría de la redacción estaba en la misma situación que yo: había exámenes y eran la prioridad.

Una vez acabados los exámenes, regresé a Asturias y me comprometí con Néstor (el director) a ponerme al día y no fallar, pero que necesitaba unos días de descanso, hasta el 1 de julio. Escribir durante el verano no era lo que más me apetecía, pero era lo que tocaba. Y no fallé, salvo en un par de artículos en los que no había mucha información y no me gustaba jugar a ser adivino. Los artículos me llevaban hacerlos mucho tiempo, pero no me importaba. Al fin y al cabo, no tenía mucho más que hacer.

En septiembre eran las fiestas del pueblo, y evidentemente había que aprovecharlas, ya que el inicio del curso se acercaba. Unos días antes, avisé de que ese fin de semana no iba a poder escribir y pedí que no se me mandara nada en los plannings, que se mandaban cada dos días. Estaba siendo honesto, pero pareció molestar, algo que me sorprendió, porque no era el primero que lo hacía y se había aceptado sin más. Lo que pasó después estuvo a punto de hacerme dejar la página.

Ese fin de semana de fiestas coincidía con un evento deportivo muy importante: la final del Mundial de Baloncesto. Mi intención era que, si podía, haría la crónica y avisaría de que estaría disponible. Pero estaba convencido de que iba a ser imposible no ya escribir, sino también ver el partido. El sábado noche era el día grande, por lo que había que dedicar la tarde a preparar la noche. No usé el ordenador para nada. No era necesario ya que no tenía nada que mirar en Internet. Tras la fiesta, llegué a casa a las 7:30 del domingo. Por compromisos familiares, a las 9:30 tuve que ir a Gijón. Resultado: con dos horas de sueño aguanté hasta las 6 de la tarde. Era lógico que necesitaba dormir y así lo hice. Confiaba en ver el partido y hacer la crónica, aunque no lo había pedido, y aunque era el único que estaba cubriendo el Mundobasket, pensé que se la abrían asignado a alguien.

Me desperté de la siesta... a las doce de la noche. Lo primero en lo que pensé fue en la final. Me la había perdido, pero bueno, era lógico que Estados Unidos habría aplastado a Serbia, por lo que no verla no era un drama como si la hubiera jugado España. Cogí el móvil, miré el Twitter para confirmar la victoria yanqui y luego, los WhatsApp. Desde que entré en el chat de grupo de la redacción, lo habitual era siempre tener muchos mensajes: 5, 12, 34 e incluso más de 100. Aun así los ojeaba todos. Esa noche también lo hice. Y mientras lo hacía, vi uno que me mencionaba: "César, ¿al final puedes hacer la crónica?". 

Pensé a cuento de qué venía eso, ya que en ningún momento mencioné que haría la crónica, y menos tras dormir durante toda la tarde y no ver el partido. Me dio por abrir el correo y mirar el planning, correspondiente a sábado y domingo. Resultaba que, a pesar de haber pedido librar ese fin de semana, me habían asignado hacer la crónica de la final del Mundobasket. Llegué a plantearme la posibilidad de hacer una crónica breve, pero al no ver el encuentro (tendría que guiarme por otras crónicas) y haber pasado ya dos horas del final (no interesaba tanto), decidí no hacerlo.

Pasé toda la noche despierto, y a las 7:30 llegaron mensajes de Néstor y Miguel Ángel, el otro peso pesado de la web. El tono me era familiar, ya que en ocasiones anteriores les tocó a otros compañeros: "¿Qué coño pasa con la crónica?", "¿Por qué no hiciste la final?". Respondí que no había pedido hacerla y que tampoco había visto el partido. La conversación adquirió un tono que no me estaba gustando: descalificaciones personales, acusaciones de no tomarme en serio la página y demás. Y yo desde casa me estaba enfadando. Pedí expresamente no hacer nada para no acumular tareas pendientes, algo que siempre molesta. En ese 2 contra 1, aun sabiendo que tenía razón, tenía todas las de perder. Tuve la sensación de que era el fin de mi etapa en Manda Pelotas. Estuve a punto de irme por voluntad propia, aunque también era lógico pensar que me iba a echar.

Finalmente no fue así, pero con el paso de los meses, a medida que seguía escribiendo, empecé a reflexionar con lo sucedido ese domingo muy presente. Tras ese incidente cumplí con todos los plazos, pero tenía sensaciones raras. ¿Merecía la pena todo esto? Desde que empecé a colaborar en la web, sacrifiqué mucho tiempo libre: comer con prisa porque había que subir a tiempo una crónica de una carrera/clasificación de F1 y había quedado con los amigos, renunciar a salir por que a tal hora había algo importante en el deporte y tenía que cubrirlo, trasnochar (una vez hasta las 5 de la mañana) para hacer las portadas de la prensa, etc. Entre escribir, editar, programar tuits, colocar la web, fotos y demás, los artículos podían llevarme dos o incluso más horas. Por ejemplo, al último que escribí (sobre Thierry Henry), le dediqué tres horas y media. Y todo para no recibir ni las gracias. Me hizo volver a reflexionar.

Y llegamos a la primera semana de diciembre. En el Colegio Mayor en el que resido es una semana muy importante, de mucha actividad en la que debemos colaborar todos, lo que ocupaba mucho tiempo. Aun así pedí hacer artículos, de los que hice uno de tres. Para el fin de semana pedí otro, y me comprometí a recuperar los pendientes el lunes. Sin embargo, había otros planes: debido a problemas con crónicas y directos de partidos, se me asignó la del Barcelona, bajo amenaza de expulsión si no la hacía. En siete meses, de fútbol a penas escribía. 

El día 6, un día antes del partido, fue la gala de Navidad, uno de los dos actos más importantes del Colegio. Era lógico que al día siguiente pagaría el cansancio. Y así pasó. A las 18:30 me desperté y volví a ver los WhatsApps. Uno decía que si al final hacía la crónica. Contesté que sí, pero el mensaje no se envió: WhatsApp había caído y tras el final de partido seguía sin funcionar. Cuando entré en el administrador, vi que ya había un avance de la crónica. Supuse que eso indicaba que la haría otra persona y que estaba expulsado, por lo que cometí el erro de no guardar la crónica que tenía hecha. No había sido así: esperaron hasta el último momento por mi respuesta, y como no llegaba, acabé fuera. No fue la mejor despedida, no era el modo que me hubiera gustado, pero aun así me gustaría dar las gracias y pedir perdón al mismo tiempo:
  • En primer lugar, gracias a Néstor por confiar en mí y darme la oportunidad de escribir por primera vez en un medio digital. Te curras mucho la página (cosas como podcasts grabados en Inforadio UCM no tienen medios del tamaño de MP) y estás pendiente de ella constantemente. Mucha suerte, porque de verdad que la mereces. Del mismo modo, gracias por perdonar y aguantar mis múltiples fallos en estos meses.
  • Gracias a los compañeros por ayudarme con los tuits, que han hecho que las visitas a mis artículos subieran. También por los debates improvisados en el WhatsApp.
  • Gracias también a Guillermo (Hotter). Animas mucho mi TL de Twitter, pero sobre todo gracias por la entrada de tu blog, que ha inspirado esta y también me ha echo reflexionar. Aunque lo que pasó con mi crónica no hubiera pasado, el día 7 tan especial para ti hubiera sido igualmente mi último día en Manda Pelotas. Suerte en tu trabajo.
  • Por último, quiero pedirle perdón a Alba María Romero. Por mi culpa tuviste que comerte el marrón de hacer la crónica del derbi barcelonés. Siento mucho si eso te quitó tiempo libre que tenías pensado dedicarle a otra cosa.
Nunca es agradable que prescindan de ti. En otra ocasión, como tras la final del Mundial de basket, me hubiera mosqueado, pero no. Fue hasta una liberación. Es lo mejor para el transcurrir del curso. Eché de menos los mensajes constantes en WhatsApp y los correos cada dos días, pero ya está superado. Sigo y seguiré entrando en la web. Siempre me acordaré de que empecé en esto en mandapelotas.es 

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Merci, Thierry

Thierry Henry pudo haber jugado el pasado mes su último partido como profesional. A sus 37 años, el astro francés deja atrás 20 temporadas repletas de goles, títulos y mucha clase. Uno de los mejores delanteros de la historia.

Tití nació en la comuna francesa de Les Ulis, a poco más de 20 kilómetros de París. Allí comenzó su andadura en el mundo del fútbol, pasando por diversos clubes locales. En 1994, el Mónaco, en ese momento dirigido por un desconocido Arsène Wenger, se fijó en él y le hizo debutar en Ligue 1 con 17 años recién cumplidos. En su primera temporada como profesional, jugando de extremo, anotó ocho goles en ocho partidos. Tres años después, una jovencísima dupla formada por Henry y David Trezeguet llevó al conjunto monegasco a un doblete de Liga y Supercopa de Francia.

Sus grandes actuaciones no pasaron desapercibidas para los grandes de Europa. Finalmente, en enero de 1999, Henry fue traspasado a la Juventus por 75 millones de francos (aproximadamente 13 millones de euros). No le fue muy bien en Turín: disputó un total de 20 partidos y anotó 3 goles. Carlo Ancelotti le ubicó en la banda izquierda muy lejos del área, de ahí su bajo rendimiento goleador. Viendo la competencia que tenía por delante (Del Piero e Inzaghi), ese mismo verano hizo las maletas rumbo al equipo que le convirtió en leyenda: el Arsenal.

El principal valedor del fichaje de Henry por los gunners fue su descubridor: Wenger, técnico del Arsenal desde 1996. A principios de siglo, el conjunto del norte de Londres era la alternativa más seria al dominio del Manchester United. Contaba en sus filas con jugadores de la talla de David Seaman, Tony Adams, Patrick Vieira, Frederik Ljungberg y Dennis Bergkamp. Tití, en su primer año a orillas del Támesis, metió 26 tantos gracias a su nueva demarcación: delantero centro. Eso sí, al principio hubo dudas con el rendimiento del francés, debido a que tardó nueve partidos en estrenarse como goleador. El Arsenal terminó segundo en Premier y finalista de Copa de la UEFA, donde fueron derrotados en la tanda de penaltis ante el Galatasaray.

La temporada siguiente, los de Highbury reforzaron su centro del campo con Robert Pirès gracias al dinero de la venta de Marc Overmars al Barça. Sin embargo, el Arsenal terminó la temporada en blanco: nuevamente subcampeones de la Premier League (superados por el United) y finalistas de FA Cup, tras perder en Cardiff ante el Liverpool con doble en los últimos minutos de Michael Owen, que acabó siendo Balón de Oro. De nada sirvieron los 22 goles de Henry entre todas las competiciones.

Finalmente, los títulos llegaron en la 2001/02, y a lo bestia. Gracias a los 32 goles de Henry, el Arsenal consiguió al primer doblete de Premier y FA Cup de su historia, 116 años después de su fundación. Esos dos títulos fueron rematados con la Community Shield. Esa Temporada 2002/03 culminó con otra FA Cup, la segunda consecutiva. Y por segundo año consecutivo, Tití sumó 32 tantos en su cuenta particular.

La temporada de 2004 comenzó mal, con una derrota en la Community Shield ante el United en los penaltis. Por primera vez desde el Preston North End en 1889, un equipo ganaría la liga inglesa invicto. 26 victorias y 12 empates fueron el balance de un equipo que todavía echan de menos en el Emirates. Henry hizo el mejor registro goleador desde Alan Shearer (30 goles) y logró su primera Bota de Oro, convirtiéndose en el primer francés en conseguirla. Al año siguiente, el Chelsea de Mourinho y Abramovich les quitó la corona, pero eso no impidió que el Arsenal conquistara su tercera FA Cup en cuatro años, la décima de su historia. Hasta la de este año, fue el último título gunner. Nueve años en blanco para un histórico inglés.

A nivel local, el Arsenal siempre estaba en la pelea por los títulos. Pero en Europa, la cosa cambiaba. Lo máximo a lo que llegó el equipo de Wenger fue a cuartos en 2004 y 2005. Y eso que la Champions se le daba bastante bien a Henry. Con 51 goles, Tití es el sexto máximo goleador de la historia de la Copa de Europa. Tras muchos intentos fallidos, en 2006 el Arsenal se metió en un final de Liga de Campeones por primera vez en su historia. Levantar la orejona hubiera sido el broche de oro a otra temporada por encima de la treintena de goles.

El rival en el Stade de France era el Fútbol Club Barcelona de Rijkaard y Ronaldinho. El Arsenal se adelantó por medio de Sol Campbell con un cabezazo a centro de Henry. El francés fue el referente del ataque, pero se estrelló en más una ocasión con un muro llamado Víctor Valdés. Especialmente recordado es el mano a mano que le sacó en los primeros compases de la final que se acabó llevando el Barça.

2007 fue el último año de Henry en el Arsenal. El fin de una era reflejado en el cambio de estadio ese año: de Highbury al Emirates. Curiosamente, Henry fue el autor del último gol en el histórico estadio londinense. Su última temporada estuvo marcada por las lesiones en la espalda y en el tobillo. El Arsenal terminó cuarto en Premier y eliminado en octavos en Champions, lo que está siendo la tónica de los últimos años. Henry fue superado en goles por Robin van Persie y acabó siendo traspasado al Barcelona de forma inesperada, ya que en principio Wenger contaba con él. Se cumplía un viejo sueño culé.

El 25 de junio de 2007, Henry fue presentado con su mítico 14 en el Camp Nou ante casi 30.000 espectadores. Fue un año pésimo para el Barça. Aun así, fue el máximo goleador del equipo en la temporada del adiós a Ronaldinho y Rijkaard. Con Pep Guardiola, Henry recordó por momentos a la leyenda del Arsenal. 19 goles en liga y 26 en la temporada para un año irrepetible, con seis títulos en un año natural. Por fin conseguía la ansiada Champions y posteriormente, el Mundial de Clubes. En la última temporada se vio relegado al banquillo por un canterano que venía pisando fuerte: Pedro Rodríguez. Por eso, tras el Mundial de Sudáfrica, se anunció la marcha de Henry a los New York Red Bulls.

Para cumplir el sueño americano, los Red Bulls trajeron a sus filas a Rafa Márquez, Juninho, Luyindula y otras viejas glorias del fútbol europeo. Al igual que la Champions con el Arsenal, la MLS fue un imposible sin llegar ni tan siquiera a la final. Este año, NY se quedó a las puertas de la final tras ser eliminados por New England Revolution.

Con Francia consiguió un triplete histórico: Mundial 1998, Eurocopa 2000 y Confederaciones 2001. Debutó con la absoluta con apenas 20 años, en 1997, y pronto formó pareja con su amigo Trezeguet en el ataque galo. En el Mundial de Francia, un Henry de 21 años fue el máximo goleador de su país con tres tantos, por delante del héroe de aquella selección. Zinedine Zidane. Disputó un total de 123 partidos con la elástica bleu (segundo tras Thuram) y anotó 51 goles, el máximo anotador de la historia de la selección. Dejó el equipo tras el triste Mundial de Sudáfrica, al que se clasificó tras una polémica mano ante Irlanda.

Un atacante rápido, con regate, definición, clase. Un remate marca de la casa que le hizo ser el mayor artillero de la historia del Arsenal en 2005 por delante de Ian Wright. Con ese movimiento anotó un gol el día de su regreso en 2012 al conjunto gunner. Autor de golazos como el que le hizo al United en septiembre de 2000 o el que le hizo al Tottenham en noviembre de 2002 cuya celebración inspiró una estatua que adorna los aledaños del Emirates. Simplemente, uno de los mejores delanteros de la historia. Simplemente, Thierry Henry.

jueves, 13 de noviembre de 2014

La leyenda de Robin Hood Nowitzki

Dirk Nowitzki se convirtió el pasado martes en el mayor anotador extranjero de la historia de la NBA, superando ni más ni menos que a Hakeem Olajuwon. Posiblemente estemos hablando del mejor jugador europeo de la historia.

Si llegar a la NBA desde Europa no es fácil, imagíneselo desde la Segunda División de Alemania, haciendo el servicio militar y terminando los estudios. Pues así comenzó Dirk Werner Nowitzki su leyenda. Siendo un chaval, entró en las filas del DJK Würzburg, el equipo de su ciudad que entonces estaba en la 2. Bundesliga. Con 16 años, Dirk ya era un chico que destacaba por su altura, y sobre todo, por su tiro. Los ojeadores internacionales ya tomaban nota de esta promesa germana. En 1998, el Würzburg logró el ansiado ascenso, y Nowitzki decidió dar el salto a la NBA una vez acabados sus estudios.

Nowitzki pudo haber tomado dos caminos distintos: ser una estrella en Europa (el Barcelona le tentó en 1996) o formarse en el baloncesto universitario estadounidense. Ninguno de los dos. Dirk prefirió quedarse en su tierra. Durante los veranos previos a su presencia en el Draft, Robin Hood había impresionado a leyendas de la talla de Charles Barkley. Un partido entre promesas estadounidenses (como Al Harrington o Rashard Lewis) y del resto del mundo fue su carta de presentación para la NBA.

Fue seleccionado en el puesto número 9 del Draft de 1998 por los Milwaukee Bucks, pero nunca llegó a vestir el uniforme de los de Wisconsin.  Don Nelson, el entrenador con más victorias de la historia de la NBA se había fijado en él y le quería para sus Mavs. Al poco tiempo, Nowitzki fue enviado a Dallas a cambio de Robert ‘Tractor’ Traylor. En ese traspaso, los Mavericks también adquirieron al base de los Phoenix Suns Steve Nash, suplente de Jason Kidd. Dallas construía así los cimientos para su futuro éxito.

Con la llegada de Nowitzki, Nash y Mark Cuban como nuevo propietario, el rumbo de los Dallas Mavericks cambió por completo. Los texanos pasaron de ser un equipo que apenas pasaba de las 20 victorias a ser un aspirante al título, pero los comienzos no fueron fáciles. 8’2 puntos y 3’4 rebotes en 20 minutos fueron el balance del año rookie del alemán. Su explosión llegó como sophomore, el mismo año de la llegada de Cuban. Los números de Nowitzki aumentaron a los 17’5 puntos y 6’5 rebotes rozando el 50% en tiros de campo. No hubo Playoffs, pero quedaron cerca.

A partir de entonces, el camino al Hall of Fame fue imparable: siempre por encima de los 20 puntos por noche y rozando los 10 rebotes. Llegaron los All-Star (12) y las inclusiones en los mejores quintetos (cuatro en el primero, cinco en el segundo y tres en el tercero). Pero faltaba que el equipo, desde 2004 sin Nash ni Michael Finley, diera el golpe sobre la mesa. En 2006, tras lograr por primera vez 60 victorias, los Mavs se plantaron en sus primeras Finales ante los Heat de Wade y Shaq. Y la cosa empezó bien para Dallas, ya que ganaron los dos primeros partidos de la serie. La debacle de los Mavericks fue impensable. Aunque el arbitraje fue muy discutido, la exhibición de Wade quedará para la historia. Miami remontó y ganó su primer anillo.

Los de Cuban querían la revancha y realizaron el mejor año de su historia: 67 victorias y 15 derrotas, es decir, un 81’7%. Fueron el mejor equipo de NBA con un baloncesto muy encestador. Ese año, Dirk Nowitzki se convirtió en el primer europeo de la historia en ganar el MVP de la Temporada Regular. Pero si lo de las Finales fue un descalabro, lo que pasó en primera ronda de Playoffs lo superó. Dallas se enfrentaba a Golden State, el octavo mejor equipo ese año en el Oeste. Los Warriors, bajo el lema believe, eliminaron a los Mavs, siendo la primera vez desde que se implantó el sistema al mejor de siete partidos que el octavo eliminaba al primero de Conferencia.

Pasaron cinco años hasta la venganza definitiva. Tras fracasar en los años anteriores ante San Antonio, Denver y New Orleans, en 2011 los Mavericks con un quinteto formado por Chandler-Nowitzki-Marion-Stevenson-Kidd volvían a las Finales de la NBA. Y el rival fue, cosas del destino, Miami. Y esos Heat con el Big 3 LeBron-Wade-Bosh asustaban más que los de 2006. Pero Dallas había aprendido la lección, y tras cuatro partidos vibrantes en los que la serie estuvo empatada, los Mavericks se llevaron los dos últimos y el primer anillo de su historia, tras muchos años y millones invertidos. Los 26 puntos y 9’7 rebotes le valieron a Nowitzki el MVP de las Finales, el segundo jugador europeo tras Tony Parker en conseguirlo.

Tras el anillo, muchos jugadores abandonaron Dallas. Los texanos pasaban a ser un equipo veterano. En 2012 sufrieron para superar el 50% de victorias, y en primera ronda los Thunder los barrieron (4-0). Al año siguiente Nowitzki sufrió por primera vez problemas con las lesiones. Se perdió 29 partidos, y por primera vez en trece años bajó de 20 puntos por partido. Volvió a recuperar la forma demasiado tarde, y Dallas se quedó fuera de Playoffs. En 2014, Dirk volvió a ser All-Star y a punto estuvo de dar un disgusto a los Spurs, posteriormente campeones.

1196 partidos, 22’5 puntos y 8’1 rebotes de media, líder histórico de los Mavs en partidos, minutos, puntos, rebotes y tiros de campo. 26953 puntos que le convierten en el noveno máximo anotador de la NBA de todos los tiempos. Y ojo porque leyendas como Elvin Hayes y Moses Malone están a tiro de aquí a una temporada más, si las lesiones le respetan. Por delante solo tendría a Abdul-Jabbar, Karl Malone, Kobe Bryant, Michael Jordan, Wilt Chamberlain y Shaquille O’Neal. Palabras mayores.

martes, 11 de noviembre de 2014

Marussia, Caterham y HRT, los mayores fiascos de la historia de la F1

2009 fue el punto de inflexión de la F1. Ese año entró en vigor un nuevo reglamento que, entre otras cosas, simplificaba los coches de elementos aerodinámicos, los neumáticos pasaron a ser lisos, el alerón trasero se hizo más alto y estrecho, y el delantero pasaba ser mucho más ancho. En palabras de Niki Lauda: “Salvo McLaren, todos los coches parecen segadoras”.

Ese año Brawn GP dominó el campeonato, marcando el inicio de una etapa que dura hasta hoy: la de un equipo que aprovecha mejor que nadie el reglamento y los demás sólo pueden recoger las sobras. Red Bull y Mercedes (heredero de Brawn) son la prueba de ello. Con la crisis económica afectando de lleno al sector del automóvil, dos gigantes abandonaron la competición: BMW y Toyota. Previamente, en diciembre de 2008, Honda también se había retirado de la Fórmula 1. De sus cenizas surgió el equipo Brawn, que simplemente tuvo que ponerle motor Mercedes-Benz al chasis japonés para arrasar en el campeonato.

Por contrato, Bernie Ecclestone debe garantizar la presencia de mínimo veinte monoplazas en pista. Para compensar las fugas de Honda, Toyota y BWM, el mandamás de la F1 y la FIA pusieron en marcha un proceso de selección de nuevos equipos para 2010. Cuatro fueron los equipos afortunados: Manor GP (Reino Unido), USF1 Team (Estados Unidos), 1Malaysia F1 Team (Malasia) y Campos Meta (España). Desde el principio, este cuarteto estaba condenado al desastre.

Para empezar, ningún equipo debutó con su nombre original. Manor fue vendida a Richard Branson, pasando a ser Virgin Racing y 1Malaysia adoptó (sin licencia) el nombre de Lotus Racing con el fin de resucitar al histórico equipo de Colin Chapman. Adrián Campos, expiloto y fundador de Campos Meta, tuvo que vender su equipo a José Ramón Carabante sin verlo debutar. El empresario murciano firmó a sus pilotos sobre la bocina y le cambió el nombre a Hispania Racing F1 Team (HRT). El caso de la escudería norteamericana fue el peor de todos, ya que ni siquiera llegó a rodar un metro. En medio de tanto revuelo, Zoran Stefanović, uno de los eliminados del proceso, intentó ocupar las plazas de Toyota (compró sus potentes instalaciones de Colonia), Hispania y USF1, sin éxito.

Bahréin fue testigo del debut de los tres nuevos equipos. Sólo los malayos pudieron presumir de terminar con sus dos coches. Los HRT tuvieron problemas mecánicos y Virgin tuvo problemas con la caja de cambios de sus dos pilotos. En parte les vino bien, ya que un error de diseño dio como resultado un depósito más pequeño del debido, teniendo en cuenta que se eliminaron los repostajes ese año. Ninguno de los debutantes puntuó en su primer año en la élite. El 12º puesto de Heikki Kovalainen (Lotus) en Japón fue lo más cerca que estuvieron de arañar alguna unidad. Con presupuestos tan bajos, una hecatombe era el único modo de obtener algo decente en carrera. Virgin llevó el low cost a otra dimensión, prescindiendo del túnel de viento y usando simulaciones por ordenador para ahorrar costes. Lotus, HRT, Virgin ocuparon las tres últimas plazas del campeonato por ese orden en 2010.

En 2011 los malayos dieron un paso adelante cambiando de motor (de Cosworth a Renault) y adquiriendo los derechos del histórico nombre Team Lotus. Ese año Lotus Cars (fabricante de coches de calle fundado también por Chapman), entró en F1 como patrocinador del equipo Renault y pintó los coches franceses con los legendarios negro y dorado de Lotus en los años 70. El equipo propiedad de Tony Fernandes usaba los colores verde y amarillo originales del equipo en 1958. En 2012 Lotus Cars compró Renault creando un nuevo equipo. Todavía no se sabe a quién nombrar heredero del histórico Lotus, ya que ambos se autoproclaman así.
El fabricante de coches ruso Marussia adquirió a finales de año gran parte de las acciones de Virgin, que en 2011 compitió con el nombre de Marussia Virgin Racing. Hispania también sufrió una renovación de pilotos y de diseño de monoplaza. El orden no se alteró: Lotus, HRT, Virgin. En Canadá, Vittantonio Liuzzi logró el mejor puesto de la historia del equipo español: 13º.

En 2012, más cambios. Virgin pasó a ser definitivamente Marussia y Lotus, a pesar de que la justicia les dio la razón respecto al nombre Team Lotus, cambió a Caterham F1 Team tras adquirir Fernandes la empresa británica. Ese año el orden estuvo a punto de alterarse por completo. Con HRT sin dinero, en las últimas plazas de cada Gran Premio y al borde de la desaparición en la última parte de la temporada, Marussia y Caterham se disputaron la décima plaza del Mundial de Constructores. En Singapur, Timo Glock adelantó a Kobayashi (Sauber) y acabó 12º. Algo que parecía insignificante, suponía una gran cantidad de dinero a final de temporada. Ese duodécimo puesto daba a Marussia la décima posición del Mundial. Cinco carreras duró la alegría. En medio del caos de la última cita de Brasil, un accidente de Paul Di Resta, aupó a Vitaly Petrov al undécimo puesto en carrera, el mejor puesto de Caterham en toda su historia.

En 2013, ya sin HRT, tanto rusos como malayos renovaron su pareja de pilotos: Max Chilton y Jules Bianchi en Marussia, y Giedo van der Garde y Charles Pic en Caterham. Por primera vez en su historia, Marussia superó a Caterham en la tabla, gracias al decimotercer puesto de Bianchi en Malasia. Este año, con una nueva reglamentación más cara que la anterior, ambos equipos se resintieron. Y en el diseño de los monoplazas apenas se aprecia sponsorización. Aun así, por fin llegaron los primeros puntos. En Mónaco, gracias a los abandonos de los pilotos de delante, Bianchi acabó octavo, pero una sanción de cinco segundos le retrasó al noveno lugar. Debió ser la primera vez que se vio el monoplaza ruso desde la cámara subjetiva. Dos unidades para el casillero de Marussia, que no sólo superaba a Caterham, sino también a Sauber.

Octubre ha sido el mes de las desgracias para ambos equipos. Primero, el terrible accidente de Bianchi en Suzuka, por el cual el francés todavía pelea por su vida. Posteriormente, se anunció que la fábrica de Caterham había sido embargada. Fernandes, que vendió el equipo en julio, acusó a los nuevos dueños de no pagar y estos de que el empresario no transfirió sus acciones. De momento, el equipo está en concurso de acreedores. Esa misma semana, las deudas con proveedores hicieron anunciar a Marussia que tampoco estaría en Estados Unidos.

¿Es la F1 un deporte demasiado caro? Sí, pero eso se sabe desde hace tiempo. Los equipos se hicieron grandes (Williams en su era dorada, Ferrari, McLaren, Lotus…) invirtiendo mucho dinero en innovaciones técnicas. Bien es cierto que se lleva años hablando de establecer un techo en los costes, este nunca llega. En 2016 aterriza Haas F1 Team. Cuenta con buenas infraestructuras y con un personal experto procedente de la NASCAR. ¿Seguirá la línea ascendente de Force India, o correrá el mismo destino que HRT, Marussia y Caterham? El tiempo lo dirá.

Nico Hülkenberg, un talento desaprovechado

En todo deporte siempre se buscan sustitutos de las grandes leyendas: el nuevo Maradona, el nuevo Jordan, etc. La Fórmula 1 no iba a ser una excepción. Alemania contó durante catorce años Michael Schumacher, para muchos el mejor piloto de la historia. Cuando El Káiser decidió colgar el casco en 2006, había que encontrar un heredero. Nico Rosberg, Sebastian Vettel y Nico Hulkenberg han sido los mayores talentos teutones de los últimos años. Vettel, cuatro veces campeón mundial, es hasta ahora el único a la altura de Schumi, aunque Rosberg pude ser campeón este año.

Por su parte, Hulkenberg ha tenido una trayectoria siempre en equipos de clase media y siempre con rumores de un futuro salto a Ferrari. En 73 carreras su bagaje es de una pole y una vuelta rápida. Nunca ha subido al podio y por supuestos nunca ha ganado una carrera. Con 27 años, el sueño de vestir de rojo se complica, a no ser que Räikkönen cumpla su palabra y se retire en 2015.

Hulkenberg comenzó su carrera en el karting, destacando sobre todo a nivel nacional. En 2005 dio el salto a los monoplazas ganando la Fórmula BMW. Tres años más tarde ganó la F3 Euroseries con el equipo ART GP. Con ese mismo equipo se proclamó campeón de la GP2 en 2009. Era la hora de dar el salto a la Fórmula 1.

Williams decidió apostar por el alemán en sustitución de Kazuki Nakajima. Su compañero de equipo iba a ser un viejo rockero: Rubens Barrichello. En su debut en Bahréin terminó decimocuarto, a una vuelta del ganador, Fernando Alonso. Tras abandonar en Malasia, los primeros puntos llegaron en Australia, donde acabó décimo. En Hungría logró terminar sexto, su mejor carrera con el equipo inglés. Pero sin duda alguna su actuación más memorable llegó en Brasil. Delante del público de Barrichello, Hulk logró su primera y única pole position, metiéndole 1’1 segundos a Vettel. En la carrera, la estrategia conservadora de Williams le relegó al octavo puesto. 22 puntos fue el balance final de su año como novato.

Pastor Maldonado y el dinero del Gobierno de Venezuela dejaron a Hulkenberg sin asiento en 2011, por lo tuvo que conformarse con el puesto de probador de Force India. Un año después, Sutil fue despedido y Hulk ocupó su asiento. Con el equipo indio se estableció en la parte media de la parrilla, especialmente después del regreso tras el parón veraniego. En Bélgica acarició el podio (4º) y en Singapur, aunque no puntuó, logró su primera vuelta rápida. Nuevamente en Brasil maravilló al mundo. Con Alonso y Vettel jugándose el Mundial, Hulkenberg salió como un tiro y se coló en posiciones de podio. En medio de la lluvia, adelantó a los dos McLaren y se puso líder. Encabezó la carrera durante 29 vueltas, hasta que en la S de Senna chocó con Lewis Hamilton. El piloto inglés tuvo que retirarse y el alemán fue penalizado con un drive through. Adiós a la victoria y a su primer podio.

En 2012 Sauber-Ferrari sorprendió a la F1 con su gran rendimiento: cuatro podios y dos vueltas rápidas. Hulkenberg anunció su fichaje por el equipo suizo considerándolo un salto hacia adelante. Otra vez, el inicio fue muy malo. Incluso le llegaron a preguntar si se arrepentía de haber dejado Force India. Tras el parón, llegaron los buenos resultados en Italia (5º) y Corea del Sur (4º).

Para 2014 se rumoreó que su próximo destino iba a ser Lotus, que en 2013 luchó por las victorias de forma constante. Pero otra vez Maldonado se llevó el gato al agua por temas económicos. Así, terminó por regresar a Force India. “Una gran familia”, en palabras del alemán. Por una vez, el inicio fue bueno. Hasta Hungría, él y Alonso eran los únicos que habían puntuado en todas las carreras. Paradójicamente, a la vuelta de vacaciones, su rendimiento ha bajado, especialmente en calificación.

La opción de dejar la F1 es real. A pesar de haber demostrado con creces su talento, ningún equipo top (Ferrari/McLaren) le ha ofrecido una oportunidad. Su futuro dependerá de lo que hagan los actuales pilotos de Ferrari… en 2016: Fernando Alonso y Kimi Räikkönen.